El panorama actual del comercio internacional presenta un nivel creciente de fragmentación, una intensa competencia geopolítica entre Estados Unidos y China, y una reconfiguración de las cadenas globales de valor (CGV). Las empresas y países no priorizan únicamente la eficiencia de costos a la par que toma protagonismo una lógica securitizante de las estrategias comerciales. El MERCOSUR, en este contexto, tiene la necesidad de definir y ejecutar una estrategia de negociación proactiva y coherente con los países de Asia Pacífico si pretende garantizar su competitividad y su relevancia económica futura a través de su inserción en la región más dinámica del mundo en términos económicos.

El punto de inflexión asociado al fin de la hiperglobalización es el de la guerra comercial iniciada por los Estados Unidos en 2017 (Brusuelas, 2024). La rivalidad sistémica, entonces, redibuja los mapas del comercio y la inversión para las empresas, que deben navegar en un entorno de riesgos políticos tan determinantes como los desafíos económicos. Las decisiones de inversión y abastecimiento no se supeditan únicamente a la lógica del mercado a la par que se incorpora el factor de la seguridad nacional y alineamiento geopolítico al cálculo económico.

La reconfiguración de las cadenas globales de valor se explica en tres conceptos que describen las nuevas estrategias empresariales; el traspaso desde el offshoring, entendido como el traslado de la producción a países de menores costos principalmente ubicados en Asia que constituyó el pilar de la globalización moderna fue atravesado por un cambio de lógica hacia el nearshoring, la relocalización de las cadenas de valor a economías geográficamente más cercanas a los mercados finales, pensando en reducir costos logísticos y aumenta la resiliencia, acompañado de la lógica de friendshoring, en la que se prioriza el comercio y la inversión en países aliados que comparten valores y presentan menores riesgos geopolíticos, favoreciendo la integración económica con socios de confianza para asegurar las cadenas de suministro (Brusuelas, 2024; Durán Fernández, 2024).

La arquitectura comercial de Asia-Pacífico se ve atravesada por la lógica de mega acuerdos como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP por sus siglas en inglés) y el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) que constituyen marcos normativos y estratégicos que definen la integración económica en esta región. Para que el MERCOSUR pueda formular una propuesta de negociación viable y efectiva la comprensión de estos acuerdos, su estructura y alcance resulta de vital importancia.

Un análisis comparativo revela diferencias sustanciales en la escala, profundidad y enfoque de ambos acuerdos, lo que tiene implicaciones directas para cualquier estrategia de acercamiento. El RCEP es de mayor escala en términos de PBI, pero menos profundo. La tasa de concesión arancelaria promedio es del 91% (Park, 2022). Carece de provisiones sobre temas como estándares laborales y medioambientales. El CPTPP, por su parte, posee menor escala en términos de PBI pero es más profundo y ambicioso. Las tasas de concesión arancelaria alcanzan entre el 95% y el 100%. Incluye capítulos sobre temas de «nueva generación» como laboral, medio ambiente y empresas estatales (Park, 2022).

En materias de Reglas de Origen, también son diferenciables en que el RCEP utiliza un esquema de acumulación diagonal de origen que permite a los insumos de cualquier país miembro ser tratados como originarios. Esto simplifica y fortalece las cadenas de valor regionales, especialmente las centradas en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) mientras que el CPTPP incluye reglas de origen flexibles. Sin embargo, el esquema de acumulación diagonal del RCEP resulta un factor clave que aumenta significativamente los beneficios económicos para los miembros de la ASEAN, una ventaja distintiva para la integración de sus cadenas de valor (Park, 2022).

Los estudios de modelo de equilibrio general computable (CGE) citados por Park (2022) ofrecen una visión clara sobre los ganadores de cada acuerdo y el impacto agregado en la economía global. Los análisis CGE indican que el RCEP generará mayores ganancias en términos de PBI agregado mundial en comparación con el CPTPP, debido principalmente a su escala masiva. Los beneficios no se distribuyen de manera uniforme. El RCEP es estratégicamente más deseable para China, Japón y la República de Corea, ya que formaliza por primera vez relaciones de libre comercio entre estas potencias. Por su parte, el CPTPP resulta más beneficioso para los miembros de la ASEAN, Australia y Nueva Zelanda.

Otro hallazgo clave es que las ganancias económicas para los países de la ASEAN bajo el RCEP aumentan notablemente cuando los modelos consideran explícitamente los beneficios de la acumulación diagonal de origen. Esto subraya la importancia del acuerdo para consolidar las cadenas de valor regionales (Park, 2022).

Por su parte, el desempeño reciente del MERCOSUR refleja una estructura productiva con fortalezas y debilidades bien definidas. En materia de comercio de bienes el bloque experimentó hacia 2024 una recuperación impulsada por las exportaciones extrarregionales de Argentina y Uruguay luego de la sequía del año anterior. El comercio de servicios del bloque está altamente concentrado en Brasil, siendo esta área deficitaria a nivel bloque y con un ritmo de crecimiento acelerado en las importaciones al 2024. Las exportaciones se componen mayormente por el sector agroalimentario con altas importaciones en manufacturas. Los principales socios del bloque son China, la Unión Europea y los Estados Unidos (De Angelis et al, 2025).

El MERCOSUR logró recientemente grandes hitos estratégicos como el cierre de las negociaciones con la Unión Europea, la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Singapur, que marca un precedente clave siendo el primer acuerdo del MERCOSUR con un país miembro de ASEAN, el inicio de negociaciones con los Emiratos Árabes Unidos y la irrupción del debate interno sobre la flexibilización del bloque para negociar, evidenciado en la propuesta argentina de ajustar la decisión CMC Nº32/00 que exige negociaciones conjuntas (De Angelis et al, 2025).

De Angelis et al (2025) remarcan que “en cuanto a las posibilidades de abrir nuevos frentes en la estrategia de internacionalización del bloque, se han iniciado diálogos exploratorios con Indonesia, Vietnam, República Dominicana, El Salvador y Panamá. Asimismo, se han realizado acciones orientadas a profundizar y modernizar los acuerdos existentes con Chile, Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia.” (p.44).

A pesar de la dinamización de la agenda exterior del bloque, persisten desafíos internos a resolverse como las complejidades que atañen a la revisión del Arancel Externo Común y las diferencias en tamaño y desarrollo económico entre los países miembro, lo cual dificulta alcanzar consensos y avanzar en una estrategia de integración más profunda. (De Angelis et al, 2025).

Dadas las características del nuevo contexto global, el complejo panorama de acuerdos en Asia-Pacífico y las capacidades y limitaciones internas del MERCOSUR, no existe una única «mejor opción» para la negociación. Lo que se requiere es una deliberación estratégica sobre un conjunto de rutas posibles, cada una evaluada por su viabilidad, sus beneficios potenciales y su alineación con los intereses fundamentales del bloque. A raíz de esto, hay tres estrategias posibles para la inserción comercial del bloque en la región de Asia-Pacífico.

El primero de ellos propone una negociación directa de bloque a bloque con los quince países que integran el RCEP. Esta vía destaca por su capacidad de generar un acuerdo de escala masiva que conectaría dos grandes regiones bajo un marco único de reglas de origen, simplificando el comercio y posicionando al MERCOSUR como un actor internacional unificado. Sin embargo, este camino presenta una complejidad técnica extrema debido a la heterogeneidad de los países involucrados, lo que eleva el riesgo de estancamiento político y podría resultar en un tratado superficial que descuide áreas críticas del comercio moderno, como los servicios y la economía digital.

Una segunda alternativa consiste en una estrategia de acumulación centrada en miembros clave del noreste asiático, como China, Corea del Sur o Japón. Este enfoque permitiría al MERCOSUR enfocarse en los socios más estratégicos y dinámicos, ofreciendo una mayor agilidad negociadora y la posibilidad de construir acuerdos más profundos y adaptados a las complementariedades específicas de cada país. No obstante, esta fragmentación de esfuerzos conlleva el peligro de generar un complejo entramado de normativas divergentes, conocido como «spaghetti bowl», que dificultaría la operativa de las empresas. Además, este modelo podría debilitar la cohesión negociadora conjunta del bloque y desperdiciaría las ventajas de integración que ofrecen las cadenas de valor ya consolidadas en el sudeste asiático.

Finalmente, el tercer enfoque prioriza la firma de acuerdos de «nueva generación», siguiendo el modelo del CPTPP o el reciente tratado con Singapur. En esta opción, la profundidad regulatoria prevalece sobre la escala geográfica, buscando estándares elevados en materia de sostenibilidad, coherencia regulatoria y comercio digital. Si bien este modelo posicionaría al MERCOSUR como un bloque moderno y atractivo para la inversión de calidad, su éxito depende de una gran voluntad política para realizar reformas internas profundas. Este camino suele enfrentar la resistencia de sectores productivos sensibles a la liberalización de servicios o compras públicas, lo que convierte a estas negociaciones en procesos intrínsecamente más largos y exigentes.

A partir del análisis de la situación actual, se propone una hoja de ruta estructurada bajo un enfoque híbrido, pragmático y secuencial que busca equilibrar la captura de oportunidades con una gestión de riesgos eficiente. La prioridad estratégica inicial se centra en la consecución de un acuerdo de nueva generación con la ASEAN, utilizando el tratado ya existente con Singapur como el modelo de referencia y la puerta de entrada natural hacia el sudeste asiático. Esta aproximación permitiría al MERCOSUR posicionarse directamente en el núcleo de las cadenas de valor más dinámicas del mundo, estableciendo una plataforma sólida para una integración regional más profunda y ambiciosa en el largo plazo.

De forma simultánea, la estrategia recomienda avanzar en negociaciones bilaterales con los actores principales del noreste asiático, específicamente Corea del Sur y Japón. Dado el volumen de estos mercados y su alta complementariedad económica con el bloque, se justifica un esfuerzo diplomático enfocado en alcanzar acuerdos de alta calidad que superen la simple eliminación de aranceles y aborden estándares modernos de comercio. Al mismo tiempo, el relacionamiento con China debe manejarse a través de un diálogo estratégico que priorice, en una primera instancia, la cooperación técnica, la facilitación del comercio y la promoción de inversiones. Debido a las asimetrías económicas y a las tensiones geopolíticas globales, la evaluación de un tratado de libre comercio amplio con China se reserva para una etapa posterior, cuando el MERCOSUR haya consolidado su posición en otros frentes asiáticos.

Esta diversificación de frentes permite al bloque actuar con flexibilidad, adaptando sus tácticas a las particularidades y sensibilidades de cada socio comercial. Al implementar este modelo diversificado, el MERCOSUR no solo maximiza sus posibilidades de inserción internacional en la región de Asia-Pacífico, sino que también protege sus intereses internos frente a la fragmentación del comercio global, actuando con la prudencia necesaria para navegar un entorno estratégico tan complejo.

Es importante señalar a su vez que el MERCOSUR debe superar el enfoque arancelario tradicional en las negociaciones comerciales con Asia-Pacífico para priorizar el «nuevo comercio» basado en el intercambio de servicios modernos (actividades intangibles de altovalor agregado e intensidad de conocimiento como los servicios TIC, financieros e investigación y desarrollo) que impulsa la resiliencia económica, la generación de empleos de calidad y la inserción en cadenas globales de valor mediante la inversión en capital humano, conectividad digital y la reducción de la heterogeneidad regulatoria, a través de la liberalización de servicios estratégicos, inversiones equilibradas y una economía digital con reglas claras en ciberseguridad y flujos de datos (Monge-González et al, 2025).

Esta modernización exige también estándares sólidos en propiedad intelectual, acceso transparente a compras públicas y una profunda simplificación burocrática basada en la armonización técnica y la digitalización de procesos, como el modelo de pre-listing, que de acuerdo con De Angelis et al (2025)

implica que la autoridad sanitaria de un país (en este caso, Singapur) acepta el listado de establecimientos exportadores habilitados por la autoridad sanitaria del país exportador (uno de los EE.PP. del MERCOSUR), sin necesidad de inspección previa in situ. Este procedimiento agiliza el comercio de productos alimenticios y agroindustriales al basarse en la confianza y reconocimiento de los sistemas regulatorios del socio comercial para agilizar exportaciones (p.51).

Al incorporar además compromisos vinculantes en sostenibilidad socioambiental y apoyo específico para la internacionalización de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyME), el tratado lograría trascender el simple intercambio de bienes. De este modo, el acuerdo se convierte en una herramienta estratégica integral que impulsa el desarrollo competitivo, la innovación y una inserción sostenible y moderna del bloque en la economía global.

Por Matías N. Peronja

 

Referencias

Brusuelas, J. (2024). ‘Friendshoring’ and a new era of U.S. trade. RSM US.

De Angelis, J., Iannuzzi, P., Michalczewsky, K., Sternberg, S., & Svarzman, G. (2025). Informe MERCOSUR No. 27: MERCOSUR: Negociaciones estratégicas y escenarios emergentes. Rozemberg, R. (Ed.). https://doi.org/10.18235/0013585

Durán-Fernández, R. (2024). Nearshoring in Mexico: Navigating expectations and realities of the reconfiguration of global value chains. ZBW – Leibniz Information Centre for Economics.

Martínez Turégano, D., & Montoriol Garriga, J. (2025). La desconexión entre EE. UU. y China acentúa la fragmentación de la economía mundial. CaixaBank Research.

Monge-González, R., Rivera, L., Mulder, N. y Meneses, J. (2025). Integración regional en la era digital: el potencial aporte del comercio de servicios modernos. Serie Comercio Internacional (187) (LC/TS.2025/58). Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Park, I. (2022). Comparison of the Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP) and Other Free Trade Agreements (FTAs) (ERIA Discussion Paper Series No. 439). Economic Research Institute for ASEAN and East Asia.