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Observatorio Legislativo Argentino

El embarazo tras las rejas: una problemática invisibilizada

Por Jazmín Ailén Eroles

Tenernos acá es una lección. ¿Y sabe qué lección aprendí yo acá? Que no conocía la lesión, la maldad. Que todo eso lo conocí acá. Acá no tiene valor la persona. ¿Tanta maldad puede haber? Acá la gente no sale escarmentada, sale con más sufrimiento (Unidad Nº 31).1

¿Acaso las mujeres presas no merecen ser cuidadas y acompañadas en momentos de parto como el resto de las mujeres libres? ¿No merecen transitar un embarazo seguro en condiciones dignas? En el presente trabajo, me dedicaré a investigar sobre el impacto de los diversos factores que influyen e inciden en la falta de condiciones adecuadas para transitar la maternidad y el embarazo dentro de un contexto de encierro carcelario paupérrimo y violento.

1. Objeto

“Embarazadas durmiendo en un colchón en el piso, sin atención ni controles médicos adecuados, a veces aisladas, esposadas, maltratadas, desinformadas, discriminadas, mal alimentadas, pariendo encadenadas o esposadas; viviendo situaciones de trabajo de parto con personal no capacitado, sin saber dónde ni cuándo van a parir, pariendo solas, en condiciones no aptas, desconociendo sus derechos, separadas de sus bebés al nacer, niños criándose en un ambiente carcelario, niños a los que se les pierde el rastro, niños abusados, niños dados erróneamente en adopción por falta de información y coordinación entre entidades. No es una serie de Netflix ni el relato de una época remota o de un país lejano poco o nada democrático: es la realidad que se vive día a día en las cárceles latinoamericanas.”2

Mi trabajo se centrará en la situación de maternidad y/o embarazo que viven, tras las rejas, las mujeres de la Unidad N° 31 del Complejo Penitenciario Federal de Ezeiza. Con ello, buscaré ilustrar la realidad que transitan dentro del sistema penitenciario para lograr una reflexión sobre su vulnerabilidad como consecuencia del encierro y sobre la irracionalidad de la actual política criminal que las persigue, juzga y castiga.

En el año 1996, en la localidad de Ezeiza, fue inaugurado el Centro Federal de Detención de Mujeres – Unidad Nº 31-. Opté por este establecimiento ya que, como característica distintiva, allí se alojan mujeres en período de gestación y lactancia. Esta cuestión constituye un cuadro bastante más complejo de lo que ocurre en otros establecimientos carcelarios ya que no sólo se encuentran mujeres embarazadas, sino también madres con sus hijos menores de hasta 4 años de edad. Las áreas de alojamiento se encuentran separadas en tres sectores: (i) una planta de madres y embarazadas, (ii) pabellones de alojamiento unicelular de mujeres sin niños, y (iii) pabellones de alojamiento colectivo. Lo particular es que, pese a ser un establecimiento pensado para madres embarazadas o con hijos menores, esto no se refleja ni materializa en su infraestructura, ya que las celdas no difieren del resto, ni en tamaño ni en condiciones de higiene y seguridad.3

El único signo de la presencia de niños es el jardín maternal. Si bien sus instalaciones son adecuadas en cuanto a la infraestructura, éste se encuentra alejado de los pabellones de alojamiento y a las madres se les impide tanto acompañar a sus hijos al jardín como durante su proceso de educación. No se les permite siquiera participar del proceso de adaptación inicial que atraviesan todos los niños cuando se integran al jardín de infantes, ni tampoco conocer las instalaciones ni a las maestras con quienes estarán sus hijos4.

Otro aspecto negativo a destacar es que el plantel profesional del jardín de la Unidad Nº 31 pertenece al escalafón del SPF. El hecho de que las maestras jardineras formen parte de las fuerzas de seguridad que tienen a cargo la custodia de las madres convierte, en cierto punto, el proceso educativo de los niños en un engranaje más del sistema penitenciario.

Las condiciones de detención de las mujeres que se encuentran en el sistema federal son acordes en muchos aspectos con el derecho internacional y proveen ejemplos de buenas prácticas; sin embargo, en algunos casos la implementación de las normas y decisiones se desvía de las políticas establecidas y, por ende, a partir de las experiencias negativas de las mujeres presas se deja entrever la discrepancia entre los procedimientos vigentes y su implementación concreta en la realidad.5

El colectivo de mujeres parece ser un blanco fundamental para las prácticas del sistema penal: se destaca que el crecimiento poblacional de hombres en el SPF fue del 35%, mientras que en las mujeres dicho incremento poblacional para el mismo lustro alcanzó el 50%, un aumento del 13% por encima del crecimiento del encarcelamiento total y de personas masculinas.6 Así se ilustra que, en un contexto general de aumento del encarcelamiento, el de las mujeres es significativamente mayor que el de los hombres.

En efecto, existe una desproporción inconmensurable entre el daño social que producen los delitos por los que en general se las encarcela en el sistema federal y el castigo al que son sometidas, no sólo por el tiempo en que duran sus condenas, sino también –y sobre todo– por las consecuencias que acarrea la privación de su libertad, tanto para ellas como para sus familias. La mayoría de las mujeres privadas de su libertad están detenidas bajo la imputación de delitos no violentos y leves. En efecto, la mayoría de las mujeres procesadas o condenadas son por delitos vinculados con la comercialización de estupefacientes a menor escala.

Las mujeres encarceladas se enfrentan a un lugar violento que vulnera la mayor parte de sus derechos – salud e integridad física, educación, trabajo, vínculos afectivos–, pero además su castigo no sólo las afecta a ellas, sino también a sus allegados. En estos casos, el encarcelamiento resalta un aumento de la vulnerabilidad tanto de la mujer presa como de su entorno, en especial por el desmembramiento de las familias y el desamparo de sus hijos.

La desatención por parte del gobierno respecto de las situaciones que experimentan tanto las mujeres presas embarazadas como sus hijos deja entrever una total falta de interés social, político e institucional. Desinterés que tampoco encuentra escucha por parte del poder judicial, que sólo reconoce en estas mujeres un sujeto susceptible de castigo.

“La cárcel no es un lugar para ser madre y mucho menos para criar hijos” menciona Alejandra López, la Directora General de Políticas de Igualdad de la defensoría bonaerense, en una entrevista.7

2. Problema

Dentro de las diversas problemáticas que pueden encontrarse en base a la situación actual de maternidad y/o embarazo que experimentan las mujeres privadas de su libertad, a lo largo de este trabajo de investigación, profundizaré como problema elegido la falta de recursos estatales y condiciones adecuadas para transitar un embarazo seguro al momento de la etapa de preparto y parto, como consecuencia del contexto paupérrimo, traumático y violento que viven las mujeres presas.

En la teoría, parecería que la situación es sencilla: la ley regula la posibilidad de que la mujer privada de su libertad desarrolle un embarazo o mismo su maternidad tras las rejas y les garantiza una serie de derechos para su bienestar y el de sus hijos. 8

Corresponde mencionar que, por fuera de la letra de las normas nacionales e internacionales, así como de otras vinculadas como la ley N° 26.529, pueden destacarse también algunos avances en políticas públicas dirigidas a prevenir y erradicar la violencia obstétrica. Este aspecto reviste radical importancia, en tanto las políticas públicas son, por antonomasia, la forma institucional en que las disposiciones legales y los derechos en ellas contemplados se convierten en realidades tangibles para sus titulares.9

Ahora bien, más allá de los desarrollos y avances en cuestiones de salud pública y género, aún hoy no existe información suficiente que ilustre el fenómeno de la violencia sufrida por las mujeres presas en los momentos de preparto y parto, ni tampoco visibilidad sobre sus experiencias en entornos carcelarios. Si vamos a los hechos -como decimos nosotros, “al barro”-, el sistema no brinda los medios suficientes para vivir aquel embarazo como es debido10. Todo lo contrario. Existe un sistema carcelario que aísla a estas mujeres de recursos, afecto y apoyo sin sustituir este aislamiento con un sistema de cuidado estatal responsable11. No sólo se las somete a una experiencia gestante sumamente violenta y peligrosa, sino a una humillación y maltrato totalmente contrarios a la visión garantista en términos de derechos humanos y perspectiva de género que debería tener toda política pública.

3. Pregunta

Ante este déficit de atención estatal y falta de recursos y condiciones adecuadas para transitar un embarazo seguro que sufren las mujeres privadas de su libertad en situación de preparto y parto, me pregunto: ¿Cuáles son los principales factores que generan esta situación dentro del servicio penitenciario Unidad N° 31 del Complejo Penitenciario Federal de Ezeiza?

4. Método

A la hora de poder analizar la problemática en cuestión, seleccioné distintos métodos que entiendo darán respuesta a mi pregunta de investigación. Por un lado, opté por realizar dos entrevistas semi abiertas a través de una guía de preguntas, dado que entiendo que es la forma más amplia y eficaz para poder tener una mirada integral de las personas encuestadas y de la situación analizada. Entiendo que, si optara por una entrevista cerrada, posiblemente se dejaría mucha información de lado que podría resultar interesante e incluso esencial a la hora de hacer mi análisis. Los sujetos entrevistados son: (i) VERÓNICA MANQUEL, Coordinadora del Equipo de Género y Diversidad Argentina de la Procuración Penitenciaria de la Nación; y (ii) C.B., ex detenida cuyos datos fueron anonimizados que hoy forma parte del Patronato de Liberados y que experimentó la problemática de estudio.

Por un lado, me pareció importante contar con la visión integral de Verónica, dado que realizó diversos trabajos de investigación en la temática y, por tanto, entiendo que me puede aportar una mirada sumamente profesional. Por otro lado, pude contar con el testimonio en primera persona de C.B., una ex detenida por delito contra la propiedad que experimentó dos situaciones de embarazo en la Unidad N°31 del Complejo Penitenciario de Ezeiza. Este testimonio será fundamental para poder analizar y profundizar la problemática abordada desde el aporte en primera persona de alguien que experimentó la maternidad dentro del encierro.

Asimismo, sumada a la entrevista de C.B., me pareció importante aportar la experiencia de parto vivida por A.T. (caso mencionado por Verónica) en un pabellón de la Unidad N° 31 como un complemento para mi análisis de investigación.

Por último, para complementar la realidad concreta que será abordada, opté por sumar algunos artículos y trabajos de investigación no sólo respecto a la problemática en general, sino también al barro concreto de la Unidad 31 del Complejo Federal de Ezeiza.

5. Trabajo de campo

Entendiendo a la política criminal como el área que trata del diseño e implementación de medidas que disminuyan cualitativa y cuantitativamente los conflictos intersubjetivos violentos en la sociedad12, sin dudas puedo confirmar que aquella conceptualización no se plasma para nada en la realidad que viven las mujeres presas embarazas o con niños menores dentro del sistema penitenciario. Entiendo que la política criminal debe tratar de escudriñar y expandir todas las posibilidades de reducción de conflictividad, así como  también promover mayores posibilidades de una mejor calidad de vida.

Pese a ello, las mujeres privadas de su libertad gestantes o que conviven con niños menores configuran un colectivo totalmente vulnerado, sobre todo en comparación con los hombres. Son colectivos socialmente marginados y excluidos, respecto de los cuales se legitima el uso de la violencia en todas sus formas.

Tal como indica Indiana Guereño: “(…) existe una relación invisible entre el sistema penal y las mujeres (…) porque el sistema penal está pensado por varones y para varones”.13 Las mujeres son juzgadas en base a estereotipos y prejuicios profundamente arraigados en nuestra sociedad y la justicia penal no es la excepción. Esto se ve plasmado en la entrevista de Verónica, cuando señala que lo que más le impacta de la problemática en cuestión es “que, en la actualidad 2022, con todos los avances tecnológicos y discusiones, siga habiendo mujeres y personas gestantes encarceladas. Llama la atención la falta de medidas alternativas y política criminal, que resultan notoriamente ausentes ante esta problemática. La justicia misma no puede pensar otras formas de castigo u otros métodos de condena para estas mujeres.”

Me permito afirmar que el sistema carcelario acarrea una gran cantidad de efectos respecto de todo aquel que traspasa sus puertas, pero sobre todo respecto de ciertos particulares que representan colectivos marginados. Uno de estos colectivos es representado por las mujeres embarazadas privadas de su libertad. Ellas no sólo sufren los efectos generales del encierro, sino también efectos colaterales específicos. En su caso particular, el daño accesorio que genera el encierro carcelario es mucho mayor, causando no sólo daños respecto a los propios allegados, sino también a las futuras generaciones por venir.14

Si ya de por sí resultan injustos los daños generales del encierro, más aún aquellos que son accesorios y que recaen en colectivos específicos, ilustrándose así la idea de victimización secundaria y de violencia cultural que legitima los discursos de violencia física y estructural respecto de las mujeres presas.

El encierro y la vida en prisión se desarrolla en un contexto atravesado por diversas y sucesivas vulneraciones de derechos, algunas de ellas sumamente graves, caracterizado por la precariedad y los tratos inhumanos. Verónica trae estas ideas a su entrevista. En un principio, señala que “las condiciones para maternar y transitar un embarazo seguro no están dadas, ya que pese a los avances que se pudieron haber logrado a lo largo de los años, sigue siendo una cuestión invisibilizada.” Sostiene que “(…) a pesar de que en algunos pabellones de la Unidad 31 hubo avances, no deja de ser un ambiente precario en cuanto a las cosas que se les debe brindar a las mujeres presas gestantes. No se les otorga los elementos que necesitan: ropa para los menores, juegos, comida, etc., ni tampoco las condiciones sanitarias necesarias para el cuidado de su salud y la del niño por nacer.”

Siguiendo estas ideas, teniendo en consideración el testimonio en primera persona brindado por C.B., quien experimentó dos veces la situación de parto en el encierro, ella cuenta que las condiciones son de tortura y que no están para nada dadas las condiciones para transitar un embarazo seguro dentro de la Unidad 31 del SPF. Señala que “(…) no hay compromiso dentro de la cárcel. No se garantizan los recursospara que una mujer pueda tener un hijo como debería. Te ponen en un pabellón de madre y se piensan quecon eso basta, que hacer un pabellón específico para mujeres embarazadas ya les garantiza condiciones mínimas”.

Con respecto al momento de parto de estas mujeres dentro del sistema carcelario, analizando el barro, puedo confirmar que los cuidados médicos e institucionales no responden en lo más mínimo a las condiciones debidas de salud e higiene. Como menciona Verónica, “(…) dentro de la Unidad 31 puntualmente hay un centro médico, pero de atención primaria. No tiene obstetra ni ginecóloga ni tampoco pediatra de guardia. Hay momentos del día y de la semana donde las mujeres presas gestantes son atendidas por un médico clínico. En caso de urgencia, no hay nadie presente que sepa específicamente cómo proceder (…) La higiene es sumamente precaria (…) las mujeres embarazadas suelen ir a veces en móviles de traslado que no resultan adecuados ni cuentan con elementos por cualquier emergencia (…) En el caso del ámbito federal, las mujeres embarazadas no van esposadas, pero esto sí es un problema en otras jurisdicciones, como en el SPB por ejemplo.”

C.B., siguiendo este punto, me comenta que “(…) las condiciones para maternar son paupérrimas. Dormís en un colchón en el piso, tenés difícil acceso a la salud y a la higiene. No tenés ni historia clínica, vivís descomposturas no asistidas (…) A esto súmale las malas condiciones para vivir: ratas, cucarachas, no hay calefacción, hay hacinamiento, no hay alimentación nutritiva.”

Con gran nivel de indignación me permito afirmar que las condiciones mínimas y básicas de salud no están garantizadas, ni en los momentos previos ni en el momento mismo del parto. Se las tiene esposadas como si fueran cosas o encerradas en un cuarto sumamente precario en el que con suerte pueden moverse. Esto se ilustra en lo que me cuenta C.B.: “La salud pública es una mierda (…) la primera vez que rompí bolsa,me llevaron a un hospital y me internaron. Estuve muchísimas horas con la bolsa rota y tardaron un montónen trasladarme. Me llevaron en una especie de camioneta que se venía abajo, imaginate. Me sentía re débil. Había estado días comiendo esa comida que me daban que no tenía casi nutrientes. Para dar a luz,me ataron a la cama. Fue un parto seco, sufrido. Me llevaron a otra sala y tardé un montón de tiempo después para conocer a mi hija, Abril. Nació con poco oxígeno, poca respiración. Es una desesperación, nadie te informa ni te dice qué pasa.

Para plasmar esta situación, también me pareció importante traer a colación un caso mencionado por Verónica en su entrevista, que ella desarrolla en su trabajo de investigación: “A.T. fue alojada en la Unidad N° 31 de Ezeiza cuando estaba embarazada de tres meses. Por sus antecedentes obstétricos (muerte fetal previa en el octavo mes de gestación), su actual embarazo era de alto riesgo, con posibilidades de sufrir parto pretérmino. Sin embargo, esto no fue debidamente consignado en su historia clínica y por ende no fue tratada con los cuidados especiales que requería. El 29 de agosto de 2015, tras sentir fuertes contracciones durante varias horas, A.T. fue derivada al Hospital Eurnekian. Allí, el médico no comprobó contracciones durante diez minutos, pero dictó pautas de alarma. A.T. fue reingresa en la Unidad donde, en lugar de monitorearla en el centro médico, la enviaron a su celda. Con posterioridad, volvió a requerir atención sanitaria, ya que los dolores persistían y eran similares a los que había tenido antes de dar a luz en el embarazo anterior (…) En la madrugada del 30 de agosto, cuando ya gritaba de dolor, trasladaron a A.T. al centro médico, en donde le inyectaron un analgésico (…) le ordenaron regresar a su celda, sin monitoreo alguno sobre la evolución de las contracciones y del embarazo en general: la llevaron en silla

de ruedas, pues no podía caminar por el dolor. Al llegar allí, A.T. volvió a pedir atención médica pero los agentes penitenciarios se lo negaron, invocando que acababa de ser atendida. A los pocos minutos y con ayuda de dos compañeras de pabellón, A.T. comenzó a dar a luz en el piso de su celda. Todas las detenidas gritaban pidiendo ayuda por lo que la celadora llamó a la médica de guardia (pediatra) quien colaboró con la finalización del parto. Entre la celadora y la médica de guardia envolvieron al bebé nacido prematuramente con una sábana, ataron el cordón umbilical y la trasladaron en una ambulancia con su hijo hacia el Hospital Eurnekian. El hijo de A.T. nació con múltiples problemas de salud y un mes más tarde falleció. Tres semanas antes, la mujer había sido excarcelada.”15

Sin embargo, entiendo que no sólo resultan aberrantes los cuidados médicos en el momento del parto, sino también el trato recibido por parte de los funcionarios policiales y de salud. Genera suma indignación el nivel de maltrato y violencia que sufren estas mujeres por parte de quienes se supone que deben escucharlas, cuidarlas y acompañarlas. El rol de los operadores judiciales deja mucho que desear. Se ve mucho maltrato. Comentarios despectivos. Mucha discriminación tanto por parte de los médicos como de los funcionarios policiales.

Esto lo señala Verónica al mencionar que “(…) el trato que suelen recibir en los hospitales, al identificar que son personas presas, es horrible. Mucho maltrato por parte del equipo médico. Surgen ciertas discriminaciones hacia las mujeres presas por parte del personal médico. Hay cierta reproducción de la infantilización, que ya de por si las detenidas lo sufren, que se potencia con la situación del contexto del hospital y eso se muestra mucho por ejemplo cuando las mujeres cuentan que los médicos no se dirigen a ellas, sino a los policías, como si ellas no estuvieran ahí.” Así también lo menciona C.B. cuando dice que “(…) el trato recibido es indigno. Mucho maltrato de los médicos. Se ríen, te contestan mal. Hay una deshumanización total. Esto es una cuestión cultural, sin duda. Como sos presa, sos mala madre. Te catalogan. Te estigmatizan”

Ambas coinciden en que el personal penitenciario no se encuentra capacitado para asistir una situación de embarazo dentro del contexto carcelario y que existe mucha falta de sororidad, dado que se discrimina a la persona privada de la libertad de forma terminante.

6. Análisis

A partir de lo expuesto, luego de ir al barro, no puedo dejar de relacionar esta cuestión de la estigmatización con los discursos securitizantes y la idea de violencia cultural que señala Galtung en su texto. Pude confirmar que la mirada cultural respecto a este colectivo y los discursos securitizantes que catalogan a estas mujeres como “malas madres” sin dudas buscan legitimar todo acto de violencia directa y estructural sobre ellas, que termina por verse como algo naturalizado por la comunidad.16

Como señala la autora Josefina Rodrigo en “Identidades criminalizadas”, la estigmatización y criminalización que sufre este colectivo por parte de un sistema discriminatorio y profundamente deshumanizado las condena mucho antes de ingresar al sistema carcelario.17

Como pude constatar, las mujeres no sólo sufren violencia directa por parte del personal médico y policial, sino también una violencia estructural invisible basada en una notoria insatisfacción de necesidades básicas que pudieron e incluso podrían ser claramente abastecidas. Los recursos están, pero no para ellas.

A partir de este análisis, vengo a profundizar entonces cuáles son los principales factores que generan la falta de condiciones adecuadas tanto al momento del preparto como del parto para transitar un embarazo seguro, como consecuencia del contexto paupérrimo, traumático y violento que viven las mujeres presas.

Entiendo, por un lado, que los sistemas penitenciarios no fueron pensados para abordar problemáticas de colectivos vulnerados, tal como es este caso de mujeres presas embarazadas o con hijos menores de edad, lo cual constituye un factor clave a la hora de analizar el problema. El sistema penitenciario fue pensado por y para varones. Es un sistema machista, sexista, clasista y violento que hace oídos sordos a la vulnerabilidad y a las vivencias y experiencias de las mujeres en situación de embarazo dentro del encierro. Los servicios penitenciarios son sumamente precarios y esta precariedad surge, sin dudas, de la desigual distribución de los recursos estatales.

De por sí, las mujeres presas embarazadas son un colectivo invisibilizado. Por tal motivo, en lugar de cumplir con su rol de garante y destinar los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades, el Estado cumple un rol ausente. Al no derivar recursos ni elementos para garantizar sus condiciones básicas, se ve una clara falta de atención estatal, que deriva recursos a otras cuestiones más cultural y socialmente visibilizadas, en lugar de establecer políticas públicas específicas para este colectivo.

Dada esta falta de atención estatal, surgen fenómenos como la sobrepoblación, el hacinamiento, la falta de comida, de electricidad, las pésimas condiciones de salud e higiene, la producción de muertes, la aplicación de malos tratos, requisas invasivas, regímenes de aislamiento intensivo, así como también el deficitario acceso a trabajo, educación y salud psicofísica que, sin lugar a dudas, generan que las condiciones para transitar un embarazo seguro se dificulten a niveles impensados.

La falta de políticas públicas es otro factor. No hay políticas públicas para que se busque la reinserción y no se reincida. El crecimiento del índice de reincidencia es innegable y las políticas de seguridad implementadas son aberrantes. Se intenta dar solución a los conflictos a través de métodos de acción reacción, a través de violencia, en lugar de estudiar el trasfondo y observar el panorama completo.

El factor cultural es otro punto fundamental de mencionar. Existe un alto nivel de prejuicio y estigmatización hacia las mujeres privadas de su libertad que son madres, tanto por parte del personal penitenciario, pero fundamentalmente por parte de la comunidad misma. No puede negarse que, incluso hoy en día, con los avances que se fueron dando en torno a los derechos de las mujeres, coexisten factores sociales, económicos y culturales que conllevan a su estigmatización como “mala madre”.

Verónica señala esta idea del “panóptico” que me parece importante traer a colación. Según menciona, “estas mujeres están sobre observadas. Hay un panóptico zarpado. Esto es un problema, porque si esta observación se encuentra fundada en prejuicios, valores morales, preconceptos, siempre lleva a estigmatizar.”

Coincidiendo con ella, las mujeres presas embarazadas o con hijos menores de edad experimentan prejuicios que las pone bajo la lupa de la sociedad. Pero en el mal sentido: para juzgarlas, perseguirlas, maltratarlas. La mirada cultural estigmatizante y la falta total de debate por parte de la comunidad sobre estos colectivos y sobre cómo viven es innegable. Si la sociedad vive señalando con un dedo y prejuzgando, el Estado responde con políticas de seguridad y busca tapar el miedo con violencia y encierro. Esto lo relaciono con la idea de securitización plasmada por Bohm en su texto “Políticas de seguridad y neoliberalismo”, ya que el Estado interviene de manera securitizante, instaurando y propagando violencia, en lugar de estudiar los factores criminógenos de trasfondo e implementar medidas alternativas al encierro.

Las condiciones precarias en las que estas mujeres viven es una cuestión que no interpela a nadie, que no le interesa a nadie. Por ende, si ya de por sí a la sociedad misma no le importa lo que viven estas mujeres, la batalla cuesta el doble. Esto conlleva sin duda a que pasen a ser un colectivo invisibilizado para el Estado y a que no se les garanticen sus derechos más básicos y fundamentales. No se las cuida. No se las escucha. No se las acompaña. No se las ve. Y así, de a poco, dejan de ser personas para comenzar a ser un sujeto más entre los tantos invisibilizados bajo los ojos del Estado.

7. Conclusiones

Con tan sólo observar la realidad, hemos de notar que los distintos factores que conllevan a que las mujeres vivan estas condiciones sumamente inhumanas y paupérrimas responden primordialmente al rol ausente y punitivista del Estado y a la mirada estigmatizante de la sociedad. Ante un Estado con una mirada machista y un lenguaje bélico y un sistema penal que excluye, juzga y persigue, la conflictividad y la violencia van en subida. Es allí donde la implementación de una mirada anascópica se vuelve indispensable. Dicha mirada resulta aún más urgente cuando se trata de un colectivo como el que aloja la Unidad 31 del Complejo Federal de Ezeiza, donde la deshumanización y estigmatización cada día se hace más y más presente.

Es una realidad que existen mujeres presas embarazadas y madres que viven con sus hijos menores de 4 años en complejos penitenciarios. Es una realidad que las condiciones para maternar en la cárcel son sumamente pobres. Es una realidad que el contexto en el que se encuentran es paupérrimo. Es una realidad que la situación de gestación y parto para una embarazada en contexto de encierro es traumática. Y, sin lugar a dudas, es una realidad innegable la violencia que estas mujeres sufren tanto a nivel institucional como judicial.

El encarcelamiento sistemático de mujeres no es la solución. Se ignora el hecho de que, en un futuro, esas mujeres retornarán a la sociedad devolviendo la violencia sufrida en el encierro. La selectividad del sistema penal exige, sin dudas, que se estudien los distintos factores que generan esta problemática —con una mirada horizontal, anascópica— y que se implementen medidas estatales y comunitarias que trabajen sobre esta realidad.

Acá estamos hablando de un colectivo totalmente invisibilizado, en cuanto a sus experiencias, en cuanto a sus vivencias y en cuanto a sus necesidades. Por demás está decir que, sumado a la tristeza, la angustia y la soledad que estas mujeres sienten en momentos tan sensibles como son el embarazo y el parto, existe un gran déficit de atención por parte del Estado y de la comunidad misma. El rol que cumplen los operadores del sistema judicial en la realidad es decepcionante. Éstos, en lugar de tener una mirada anascópica horizontal que evalúe la realidad completa de estas mujeres y en lugar de proponer una política criminal constructiva que permita implementar medidas alternativas, optan por responder con encierro y con violencia, lo cual nunca va a solucionar nada.

Ante todo, desde el Estado, me parece fundamental construir una política criminal con perspectiva de género que atienda estas desigualdades y genere espacios de capacitación en la temática, para que la comunidad se reeduque en materia de género. La nueva guía de implementación del Parto Respetado en contextos de encierro en la Provincia de Buenos Aires del Ministerio de Salud me parece un buen puntapié para comenzar a visibilizar y a tratar esta problemática.18

En principio, teniendo en cuenta la metáfora del barrio-cárcel, entiendo que se debería fundamentalmente trabajar de manera preventiva en casos de mujeres procesadas que aún no llegaron al encierro, para evitar el encarcelamiento y que la excarcelación sea la regla, no la excepción.

Ahora bien, para el caso de aquellas mujeres que ya se encuentran dentro del sistema carcelario o bien que, por algún motivo, no pudieron cumplir con las reglas de conducta dispuestas por el juez, me parece importante que cuenten con la opción real de transitar el embarazo con arresto domiciliario.19 Me parece una gran medida alternativa que a las mujeres presas embarazadas o que conviven con hijos menores de edad se les otorgue la posibilidad de experimentar su maternidad fuera delcontexto carcelario. Sin embargo, no dejemos de remarcar que el Estado es quien debe garantizarles una vivienda digna donde transitar aquel arresto, especialmente en el caso de mujeres que viven en la calle, para que no queden desamparadas y en una situación de vulnerabilización aún mayor.

Verónica también plantea una alternativa que me llamó mucho la atención y que me parece indispensable traer a colación en esta conclusión. Tal como ella menciona, “(…) hay espacios que no son cárceles, sino especies de hogares con mínimas medidas de seguridad, sin rejas, sin personal uniformado, con personal de seguridad presente sólo en puntos específicos, que hace que estas mujeres no se sientan tan encasilladas”.

A lo mejor, las alternativas están, pero no las estamos viendo. A lo mejor, no se requiere un milagro, sino un mínimo esfuerzo y compromiso. Empezar a abrir los ojos. Empezar a cuestionarnos la verdadera finalidad del encarcelamiento. Empezar a poner el acento en los colectivos más vulnerabilizados. Empezar a romper esa barrera invisible que nos coloca en una realidad distinta de aquella que viven estos colectivos. Empezar a prestar más atención a la desigualdad, a los discursos estigmatizantes, a los prejuicios.

Sólo cierren los ojos e imagínense. Una mujer privada de su libertad es condenada por un delito leve que cometió por supervivencia, porque no tenía para darle de comer a su familia. Es detenida. Es encarcelada. Está embarazada. La meten en un pabellón. Con suerte hay una cama. No hay electricidad, no hay agua caliente, no hay comida que la nutra. Hace frío. Hay ratas en el suelo de la celda. Se siente mal pero no le prestan atención. Tiene contracciones, pero no hay un médico que pueda ayudarla. Comienza a dar a luz en el suelo del pabellón, en condiciones paupérrimas y totalmente inhumanas. Un médico la asiste. Tiene al bebé. No tiene pulso. Se lo sacan. Llora angustiada. Grita desesperada.

Ahora, imagínense que esa mujer es su madre, su hermana o su hija.

¿No quisieran que la situación estuviese visibilizada? ¿No pelearían porque se conozca su experiencia? Bueno, entonces hagámoslo por todas aquellas que lo viven.

8. Bibliografía

BÖHM, María Laura (2013), Políticas de Seguridad y Neoliberalismo, A. Fernández Steinko (comp.) Delincuencia, Finanzas y Globalización, Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.

BÖHM, María Laura y COSTANZO, Leandro Enrique (2020), Política Criminal de la Libertad: Presentación de un concepto, Artículo LA LEY, Universidad del Salvador, Facultad de Ciencias Políticas, Buenos Aires.

BRAITHWAITE, John. y PETTIT, Philippe (2015), No solo su merecido. Por una justicia penal que vaya más allá del castigo, Ed. Siglo veintiuno.

COSTANZO, Leandro Enrique (2017), Alternativas a la prisión, arresto domiciliario e interés superior del niño: Capítulo GÉNERO, MUJERES Y PRISIÓN, Revista de Derecho Procesal Penal, Publicación del instituto de ciencias penales, Buenos Aires, 1ra Edición.

DEFENSORÍA GENERAL DE LA NACIÓN DE LA REPÚBLICA ARGENTINA y otros (2013), Mujeres en prisión en Argentina: Causas, condiciones y consecuencias.

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RODRIGO, Josefina (2021), Identidades criminalizadas, En Políticas públicas y Política Criminal, Desarrollo i – incluyendo derechos, Cap. VI.

NOTAS

  1. DEFENSORÍA GENERAL DE LA NACIÓN DE LA REPÚBLICA ARGENTINA y otros (2013), Mujeres en prisión en Argentina: Causas, condiciones y consecuencias, p. 28.
  2. COMITÉ NACIONAL PARA LA PREVENCIÓN DE LA TORTURA (2021), Mesas de trabajo internacionales: procesos de gestación y crianza en prisión. La situación en América Latina, Disponible en: https://cnpt.gob.ar/2021/08/27/mesas-de-trabajo-internacionales-procesos- de-gestacion-y-crianza-en-prision-la-situacion-en-america-latina/
  3. DEFENSORÍA GENERAL DE LA NACIÓN DE LA REPÚBLICA ARGENTINA y otros (2013), Mujeres en prisión en Argentina: Causas, condiciones y consecuencias, 51-55, en p. 52.
  4. Ídem.
  5. Ídem.
  6. Ana Laura López, Encarcelamiento de mujeres en el Servicio Penitenciario Federal de Argentina, Dinámicas de comportamiento cuantitativo y especificidades de persecución punitiva. Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, 2009, pág. 6.
  7. El AUDITOR INFO (2020), Artículo La cárcel no es un lugar para la crianza de niños. Disponible en:: https://elauditor.info/actualidad/- la-carcel-no-es-un-lugar-para-la-crianza-de-ninos-_a5f887c3d909fe203ca1d18f7
  8. A nivel nacional, la ley N° 25.929 reconoce distintas dimensiones de los derechos de las mujeres durante el preparto, el parto y el posparto (artículo 2), de la persona recién nacida (artículo 3) y de los padres y madres de niños/as en situación de riesgo (artículo 4). Este artículo fue objeto de una exhaustiva reglamentación a través del decreto N° 2035/2015. La normativa citada debe articularse con las disposiciones contenidas en la ley N° 26.485. Esta ley contempla una definición general sobre violencia, en línea con las regulaciones internacionales y, especialmente, con la Convención de Belém do Pará. También define distintos “tipos” de violencia, entre los que incluye la violencia física, psicológica, sexual, económica y simbólica (artículo 5), y “modalidades” que cubren la violencia doméstica, laboral, institucional, contra la libertad reproductiva y obstétrica (artículo 6).
  9. PROCURACIÓN PENITENCIARIA DE LA NACIÓN y otros (2019), Parí como una condenada: Experiencias de violencia obstétrica de mujeres privadas de la libertad, 1ra. Edición. P. 36.
  10. COSTANZO, Leandro Enrique (2017), Alternativas a la prisión, arresto domiciliario e interés superior del niño: Capítulo GÉNERO, MUJERES Y PRISIÓN, Revista de Derecho Procesal Penal, Publicación del instituto de ciencias penales, Buenos Aires, 1ra Edición, p. 27.
  11. Ídem.
  12. BÖHM, Maria Laura y COSTANZO, Leandro Enrique (2020), Política Criminal de la Libertad: Presentación de un concepto, Artículo LA LEY, Universidad del Salvador, Facultad de Ciencias Políticas, Buenos Aires, , p. 1.
  13. GUEREÑO, Indiana, Cómo son juzgadas las mujeres en el sistema penal, Políticas Públicas y Política Criminal (Cap VI), p. 1.
  14. COSTANZO, Leandro Enrique (2017), Alternativas a la prisión, arresto domiciliario e interés superior del niño: Capítulo GÉNERO, MUJERES Y PRISIÓN, Revista de Derecho Procesal Penal, Publicación del instituto de ciencias penales, Buenos Aires, 1ra Edición, p. 24.
  15. PROCURACIÓN PENITENCIARIA DE LA NACIÓN y otros (2019), Parí como una condenada: Experiencias de violencia obstétrica de mujeres privadas de la libertad, 1ra. Edición, p. 58-59.
  16. GALTUNG, Johan (2003), Violencia Cultural, Gernika Gogoratuz Documento N°14, Red Gernika, p. 8.
  17. RODRIGO, Josefina (2021), Identidades criminalizadas, En Políticas públicas y Política Criminal, Desarrollo i – incluyendo derechos, Cap. VI.
  18. GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES (2022), “La provincia presentó la Guía de Parto respetado en contexto de encierro”, 2022. Disponible en: https://www.ms.gba.gov.ar/sitios/media/files/2022/06/GU%C3%8DA-DE-PARTO-RESPETADO-EN-CONTEXTOS- DE-ENCIERRO-WEB.pdf
  19. Esta idea se plasma en el trabajo “Más allá de la prisión. Paternidades, maternidades e infancias atravesadas por el encierro” como medida alternativa al encierro. PROCURACIÓN PENITENCIARIA DE LA NACIÓN y otros (2019), Más allá de la prisión. Paternidades, maternidades e infancias atravesadas por el encierro, p. 158 ss.

ANEXO I

ENTREVISTA SEMI ABIERTA A VERÓNICA MANQUEL

Mi trabajo se centrará en la situación de maternidad y/o embarazo que viven, tras las rejas, las mujeres de la Unidad N° 31 del Complejo Penitenciario Federal de Ezeiza. Con ello, buscaré ilustrar la realidad de aquellas mujeres presas para lograr reflexionar acerca de su vulnerabilidad como consecuencia del encierro y la irracionalidad de la actual política criminal que las persigue, juzga, y castiga. Dentro de las diversas problemáticas que pueden encontrarse y analizarse, tomaré como problema a profundizar el déficit de atención estatal y de cuidados y recursos institucionales durante la situación de parto.

Especialmente la falta de condiciones adecuadas a nivel institucional para maternar como consecuencia del contexto paupérrimo, traumático y violento que las mujeres presas enfrentan.

  1. Quería comenzar esta entrevista consultándote qué es lo que más te llama la atención cuando se habla de mujeres embarazadas o con hijos menores de edad en cárceles. ¿Qué es lo que más te llama la atención de las vivencias experimentadas por estas mujeres?

En sí, a mí no me deja de impactar que, en la actualidad 2022, con todos los avances tecnológicos y discusiones, siga habiendo mujeres y personas gestantes encarceladas. Me llama la atención la falta de medidas alternativas y política criminal, que resultan notoriamente ausentes ante esta problemática que me comentas. La justicia misma no puede pensar otras formas de castigo u otros métodos de condena para estas mujeres.

Se blanqueó internacionalmente que la cárcel no estaba preparada para determinados colectivos vulnerados, en este caso, mujeres gestantes. Las cárceles no están preparadas. Y siguen sin estarlo. Es una cuestión que se sostiene al día de hoy e incluso ni se llegó a romper esa barrera que mantiene.

  • ¿Tuviste la oportunidad de hablar con mujeres que hayan transitado esta situación? ¿Qué te comentaron?

¿Cómo se sintieron? ¿Sus experiencias fueron positivas o negativas?

Si, tuve la oportunidad de hablar con mujeres presas gestantes. Desde la procuración penitenciaria, coordinando el Equipo de género, se pudo ir contactando con mujeres presas que vivían estas situaciones. Se llevó a cabo un largo y exhaustivo trabajo de investigación. A partir del mismo, se ilustró la cantidad de experiencias negativas que sufren y que pasan las mujeres presas dentro del contexto carcelario. Por ejemplo, en el periodo puntual de pandemia, se trabajó muy en red con organizaciones y se colaboró con asistir a las mujeres presas, dado que estaban sintiéndose muy angustiadas. Las familias no se podían acercar, tuvieron que aguantar lo que brinda el servicio que es de por sí sumamente precario. Las experiencias negativas que vivieron exponen la precariedad del sistema penitenciario. El trabajo que se hacen las organizaciones es imprescindible: acercaron comidas, ropas, cunas, y demás cosas fueron fundamentales.

  • ¿Consideras que están dadas las condiciones para transitar un embarazo seguro (o en condiciones) dentro de las cárceles en general -y en la Unidad 31° del SPF de Ezeiza en especial?

Como comento en los distintos trabajos de investigación en los que pude ser parte, las condiciones para maternar y transitar un embarazo seguro no está dadas, pese a los avances que se pudieron haber logrado a lo largo de los años, sigue siendo una cuestión super invisibilizada.

La Unidad 31 en particular, no tiene muchos años. Es bastante nueva. Tiene dispuesto diversos pabellones (como plantas de madres). Son pabellones comunes que, con el tiempo, fueron modificándose y ampliando las celdas para que puedan estar con las cunas. Hay un patio de juegos. Se proveen sillas, espacios recreativos. a pesar de que en algunos pabellones de la Unidad 31 hubo avances, no deja de ser un ambiente precario en cuanto a las cosas que se les debe brindar a las mujeres presas gestantes. No se les otorga a las mujeres presas gestantes ni los elementos que se necesita: ropa para los menores, juegos, comida, etc., ni tampoco las condiciones sanitarias necesarias para el

cuidado de su salud y la del menor por nacer. No se implementan recursos para el cuidado del embarazado. Por eso es importante el trabajo dentro de la cárcel y el acceso a subsidios: a la asignación por hijo, de embarazo.

  • ¿Qué opinas de los cuidados médicos e institucionales dentro del sistema carcelario? ¿Responden a las condiciones mínimas debidas de salud?

Las etapas de pre, post y del parto mismo se plasman mucho en el trabajo de investigación que realizamos “PARI COMO UNA CONDENADA”. Dentro de la Unidad 31 puntualmente hay un centro médico, pero de atención primaria. No tiene obstetra ni ginecóloga ni tampoco pediatra de guardia. Hay momentos del día y de la semana donde las mujeres presas gestantes son atendidas por un médico clínico. En caso de urgencia, no hay nadie presente que sepa específicamente cómo proceder. Algunos controles médicos se hacen en la unidad y otros se hacen en hospitales extramuros. La higiene es sumamente precaria.

Una de las cuestiones sobre la asistencia médica es que las mujeres embarazadas suelen ir a veces en móviles de traslado que no resultan adecuados ni cuentan con elementos por cualquier emergencia. Recién ahora tienen una ambulancia, pero depende mucho de la administración penitenciaria.

En el caso del ámbito federal, las mujeres embarazadas no van esposadas, pero esto sí es un problema en otras jurisdicciones, como en el SPB por ejemplo.

Las condiciones mínimas y básicas de salud no están garantizadas. En el momento mismo del parto, hay muchos problemas de movilidad. O están esposadas, o se las tiene encerradas en un cuarto sumamente precario. En el preparto, cuando tienen que realizar ejercicios tales como caminar, agilizar contracciones, movilizarte, resulta imposible porque no hay un espacio digno garantizado para cumplir con las condiciones para un mejor parto. Son cuestiones súper limitadas por el personal penitenciario.

El caso de A.T. que plasmamos en Pari como una condenada es un claro ejemplo de esta situación. Tuvo a su hijo en el pabellón, no había nadie capacitado para asistirla. El hijo terminó muriendo. Si no lo leíste, pegale una leída que es tremendo.

  • ¿Consideras que reciben un trato digno por parte de los funcionarios policiales y de salud en sus etapas de pre y parto?

Claramente no. Esta es una de las cuestiones que más tienden a que la experiencia de las mujeres presas embarazadas sea negativa. Reciben mucho maltrato. Comentarios despectivos. Mucha discriminación tanto por parte de los médicos como de los funcionarios policiales. En el ámbito federal -particularmente-, hay mucha estigmatización ya que las mujeres ingresan al hospital con policías uniformados, lo que conlleva a que estas mujeres sean señaladas por el personal del hospital y por la sociedad misma.

El trato que suelen recibir en los hospitales, al identificar que son personas presas, es horrible. Mucho maltrato por parte del equipo médico. Surgen ciertas discriminaciones hacia las mujeres presas por parte del personal médico. Hay cierta reproducción de la infantilización, que ya de por si las detenidas lo sufren, que se potencia con la situación del contexto del hospital y eso se muestra mucho por ejemplo cuando las mujeres cuentan que los médicos no se dirigen a ellas, sino a los policías, como si ellas no estuvieran ahí. No se las ve como un sujeto propiamente dicho.

  • A partir de lo que averiguaste y presenciaste, ¿cuáles pensas que son los principales factores que generan esta problemática dentro de la Unidad 31° del SPF de Ezeiza?

Pasar un parto estando presa ya es una contradicción en sí misma. Es un problema muy grave, que afecta a muchas mujeres. Hay mujeres primerizas, hay partos vulnerables, la incertidumbre, el temor, la angustia. Todo esto atravesado en soledad y con incertidumbre judicial. Sin saber qué pasa con tu causa. Los conflictos mismos que se generan en la cárcel: es una convivencia forzada. Es muy complicado. Faltan las condiciones.

Entiendo, por un lado, que los servicios penitenciarios en general son precarios. No se derivan recursos para que los mismos cuenten con condiciones básicas, por ende, son servicios ausentes de políticas públicas dirigidas y específicas hacia mujeres (en este caso particular), sumado a que los sistemas penitenciarios en general no fueron pensados para abordar problemáticas de colectivos vulnerados, tal como es el caso de las mujeres presas embarazadas o con hijos menores de edad. Es un sistema machista, sexista, clasista, violento porque todas estas cuestiones hacen a la violencia. Entonces les cuesta pensar en que estas experiencias, vivencias y necesidades requieren de políticas específicas.

Por otro lado, hay cierto prejuicio respecto de las mujeres madres por parte de la comunidad misma y de las fuerzas de seguridad (el personal penitenciario) vinculado a la figura de la mala madre: en este sentido, hay cierta desconfianza acerca de cómo ejercen su maternidad y su rol, en lugar de también pensar que no es una experiencia única, sino que está atravesada por un montón de factores previos.

Hay factores sociales, económicos y culturales que estigmatizan a las maternidades vulnerables. Al no advertir que son maternidades vulnerables, que tienen un embarazado de riesgo por las condiciones en las que se desarrolla, desde la unidad y el hospital no se pone el foco en la trayectoria de vulnerabilidad previa de ciertos embarazados, ni de que algunos requieren un mayor control. Da el ejemplo de la mujer venia de la calle, que tenía un embarazado de riesgo y que terminó dando a luz en el pabellón. El desenlace fue esperado: el parto fue en condiciones aberrantes y su hijo falleció al poco tiempo.

Otros efectos desencadenantes de este prejuicio y falta de advertencia de su vulnerabilidad es que se las juzgue con que hacen mal su rol. Estas mujeres están sobre observadas. Hay un panóptico zarpado: están bajo la lupa. Esto es un problema. Porque si esta observación está fundada en prejuicios, valores morales, preconceptos, siempre lleva a estigmatizar.

Para cerrar….

  • ¿Ves a la mujer presa en situación de parto como un sujeto invisibilizado frente a los ojos del Estado? ¿Cuál crees que podría ser una alternativa a la hora de mejorar las condiciones para maternar dentro de la Unidad 31° del SPF de Ezeiza?

Ahora te voy a pasar la guía que salió por si no la viste de PARTO RESPETADO EN LA CÁRCEL. Lo sacó directamente el Ministerio de Salud. Es un documento oficial. A pesar de que uno va a promover eso, la verdad es que es difícil de garantizar un parto seguro, ideal, que cumpla con las condiciones de cuidado básico. Sobre todo, porque no deja de ser una situación de encierro y ya el encierro mismo es una práctica violenta. La mujer está sumamente invisibilizada, no se le derivan los recursos necesarios, viven en completa soledad y angustia, con una gran falta de acompañamiento. No sólo eso, sino también la falta de voluntad política por parte del Estado de garantizar ese acompañamiento, de garantizar esas condiciones básicas. Más en casos donde el padre está presente y también se encuentra encarcelado.

Me parece importante, en principio, trabajar en los casos de mujeres procesadas que aún no llegaron al encierro. Ahí aplicar medidas alternativas DESDE YA. Que eviten el encarcelamiento. Que la excarcelación sea la regla, la norma, no la excepción. La verdad es que la norma es la prisión preventiva. La meten presa y después evalúan la excarcelación que, en general, es denegada.

Para aquellas que no hayan cumplido con algunas de las medidas que dispone el juez respecto al proceso, en ese caso, tener en cuenta el arresto domiciliario. Que haya escalas. Que haya posibilidades de alternatividad.

Lo mismo para el caso de las condenadas: que el arresto domiciliario sea una opción real, teniendo siempre en cuenta los conflictos que también esto acarrea. Que se les garantice una vivienda o espacio digno, que no se les deniegue porque no tienen un domicilio (por ej, si la mujer estuviera en situación de calle o con una vivienda precaria).

Es fundamental en estos casos de invisibilización promover políticas. Hay una ausencia total de políticas públicas. En especial en contextos de arresto domiciliario, en el que la mujer está sola en su casa, con temor de incumplir con las medidas de conducta establecidas. En muchos casos, por las condiciones en que vive o mismo por supervivencia misma, les resulta imposible cumplirlas y eso conlleva a que sean encerradas definitivamente.

En ambos casos, tanto para las procesadas como para las condenadas, me parece importante implementar el acceso a pulseras como medida alternativa.

Aquellas que excepcionalmente no hayan cumplido con lo establecido por el juez, plantear una medida de encarcelamiento con perspectiva de género: replantearse desde el Estado dónde aquella mujer debe cumplir su condena. En otros países, hay experiencias de espacios que no son cárceles, sino especies de hogares con mínimas medidas de seguridad, sin rejas, sin personal uniformado, con personal de seguridad presente sólo en puntos específicos. Esto hace que no se sientan tan encasilladas, sino que la cuestión resulta UN POCO más flexible; fundamentalmente para los menores. Que crecen en este ambiente. Que experimentan todas estas situaciones. Pensar otras opciones.

Por supuesto, evaluar también seguir cuestionándonos para qué la cárcel y a quiénes encarcelamos. Porque las causas por las que las mujeres van presas, en su mayoría, son delitos leves; de robo, hurto o venta de estupefacientes. En general, por cuestiones de supervivencia. Por eso, lo más importante me parece que es seguir cuestionándonos este proceder. Si estamos como Estado persiguiendo a personas por estos delitos, gastamos un montón de recursos que podrían derivarse en otras medidas o cuestiones alternativas.

ANEXO II

ENTREVISTA SEMI ABIERTA A C.B.

Mi trabajo se centrará en la situación de maternidad y/o embarazo que viven, tras las rejas, las mujeres de la Unidad N° 31 del Complejo Penitenciario Federal de Ezeiza. Con ello, buscaré ilustrar la realidad de aquellas mujeres presas para lograr reflexionar acerca de su vulnerabilidad como consecuencia del encierro y la irracionalidad de la actual política criminal que las persigue, juzga, y castiga. Dentro de las diversas problemáticas que pueden encontrarse y analizarse, tomaré como problema a profundizar el déficit de atención estatal y de cuidados y recursos institucionales durante la situación de parto.

Especialmente la falta de condiciones adecuadas a nivel institucional para maternar como consecuencia del contexto paupérrimo, traumático y violento que las mujeres presas enfrentan.

  1. Quería comenzar esta entrevista pidiéndote que me cuentes un poco de tu experiencia de maternidad dentro del sistema carcelario. ¿Qué es lo que más te llama la atención hoy en día de todo lo que experimentaste? ¿Cómo te sentiste? ¿Fue tu experiencia negativa o positiva?

Bueno, yo soy una liberada que transité no uno si no dos embarazos y partos dentro de la cárcel. Las condiciones son de tortura. En lo personal, caí detenida por robo. Estuve presa dos veces. La primera, tenía 20 años. Incluso antes de la cárcel, ya sufrí el abandono mismo de la niñez, lo cual resulta un factor claramente condicionante. Sufrí abuso por parte de mi padrastro. Mucha falta de contención y acompañamiento familiar. En la cárcel, se sufre el abuso por parte del P.J., el maltrato por parte de los funcionarios de la policía, abuso también de los oficiales que deberían cuidarte.

Estuve presa en la Unidad 31° CFP. Estuve embarazada desde la detención. Tenía náuseas, vómitos, me hicieron un chequeo médico y me dijeron que estaba embarazada. Se sufre mucho. Es una experiencia recontra negativa. A los 6 meses del embarazo, yo estaba en un calabozo con muchísimas personas. Sin electricidad. Sin poder dormir del frío. Se sufría violencia por parte de la policía. Nos bañábamos con agua fría. Nos daban comida en viandas, sin nutrientes. Mucha falta de atención.

  • ¿Consideras que están dadas las condiciones para transitar un embarazo seguro (o en condiciones) dentro de las cárceles en general -y en la Unidad 31° del SPF de Ezeiza en especial?

No, las condiciones te vuelvo a repetir son de tortura. En realidad, ya te vulnera el encarcelamiento en sí. Si bien hubo avances desde que yo viví mi experiencia, hoy soy una liberada y lucho por las mujeres presas que pasan por lo mismo. Porque es horrible.

Te meten en un pabellón de madres. Tuve dos hijos en contexto de encierro. no hay compromiso dentro de la cárcel. No se garantizan los recursos para que una mujer pueda tener un hijo como debería. Te ponen en un pabellón de madre y se piensan que con eso basta, que hacer un pabellón específico para mujeres embarazadas ya les garantiza condiciones mínimas. Eso es lo menos que pueden hacer, porque si no te tienen mezclada con otras personas en lugar de darte tu espacio como corresponde.

Las condiciones para maternar son paupérrimas. Dormís en un colchón en el piso, tenés difícil acceso a la salud y a la higiene. No tenes ni historia clínica, vivís descomposturas no asistidas.

A esto súmale las malas condiciones para vivir: ratas, cucarachas, no hay calefacción, hay hacinamiento, no hay alimentación nutritiva. El personal penitenciario no está capacitado y hay falta de sororidad: se discrimina a la persona privada de la libertad de forma absoluta.

  • ¿Qué opinas de los cuidados médicos e institucionales dentro del sistema carcelario? ¿Recibiste un trato digno por parte de los funcionarios policiales y de salud en tus etapas de pre y parto?

La primera vez que rompí bolsa, me llevaron a un hospital y me internaron. Estuve muchísimas horas con la bolsa rota y tardaron un montón en trasladarme. Me llevaron en una especie de van que se venía abajo, imaginate. Me sentía re débil. Había estado días comiendo esa comida que me daban que no tenía casi nutrientes. Para dar a luz, me ataron a la cama. Fue un parto seco, sufrido. Me llevaron a otra sala y tardé un montón de tiempo después a conocer a mi hija, Abril. Nació con poco oxígeno, poca respiración. Es una desesperación, nadie te informa ni te dice qué pasa. No te dejan tener a tu hijo en brazos ni unos segundos.

La salud pública es una mierda. Debería ser parte del Ministerio de Salud. Al ser independiente, es aún más complicado. El trato que reciben las mujeres presas embarazadas es indigno. Mucho maltrato de los médicos. Se ríen, te contestan mal. Hay una deshumanización total. Esto es una cuestión cultural, sin duda. Como sos presa, sos mala madre. Te catalogan. Te estigmatizan.

La Unidad 31 hoy cuenta con plaza de niños, pero no te dejan ser parte de la capacitación y de la educación del menor. Los anexos no están capacitados para tener niños menores. De por sí, las condiciones para el crecimiento del menor son aberrantes. Esto sumado a la falta de visitas y acompañamiento que suelen recibir estas mujeres. Las madres no cuentan casi con visitas. Si uno compara, en la fila de visitas de mujeres para entrar a la cárcel, hay 2, 3, 4 personas como mucho. En las filas de hombres, hay como dos o tres cuadras de gente.

  • A partir de lo que viviste, ¿cuáles pensas que son los principales factores que generan esta problemática dentro de la Unidad 31° del SPF de Ezeiza?

Hoy yo trabajo en un proyecto llamado MECHA que es un proyecto de DDHH. Se analizan un poco todas estas cuestiones.

En principio, de base, las mujeres presas embarazadas son un colectivo vulnerado, invisibilizado, que conlleva a una ausencia total del Estado en su rol de garante. Se derivan recursos a otras cuestiones por ahí más cultural y socialmente visibilizadas y se deja de lado esta situación. Es un desastre. Las cárceles son precarias.

También, la mirada cultural y la falta total de debate por parte de la comunidad sobre estos colectivos y sobre cómo se deberían enfrentar algunas situaciones. Acá hablamos de delitos leves en su mayoría. Pero si la sociedad vive señalando con un dedo y prejuzgando, claramente el Estado busca tapar esos miedos y prejuicios con violencia. Falta una gran internalización de estas cuestiones por parte de la comunidad.

La falta de políticas públicas es otro factor. La vigilancia y tratamiento hoy no sirven. No hay políticas públicas para que no se reincida. El índice de reincidencia y las políticas de seguridad implementadas son aberrantes. Se deben dar cambios culturales.

Para cerrar….

  • ¿Te sentiste como un sujeto invisibilizado frente a los ojos del Estado? ¿Cuál crees que podría ser una alternativa a la hora de mejorar las condiciones para maternar dentro de la Unidad 31° del SPF de Ezeiza?

Antes que todo, construir una política pública a nivel nacional. Que se empiece a visibilizar esta situación y la comunidad empieza a tomar las riendas. Hay que empezar a levantar la voz, empezar a reclamar los derechos que corresponden.

Existe actualmente una invisibilización de las madres presas: de la soledad que se vive, la angustia, el miedo, el rencor, la falta de acompañamiento. También el miedo de que tu hijo crezca tras las rejas, ver que no le podes dar todo lo que necesito y que tampoco se lo da quien debería.

La niñez debería pasarse con arresto domiciliario. Hoy eso se está cuestionando mucho: que a las mujeres embarazadas o con hijos menores se les otorgue la posibilidad de pasar su maternidad en una vivienda digna, con prisión domiciliaria.

Se tienen que dar herramientas menos punitivas. Alternativas menos duras y punitivas.

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